Tendinopatías y lesiones deportivas
Tendinopatías: qué son, por qué duelen y cómo recuperarte
Por Alex Orga Nº Col. 13117 18 de octubre de 2024 Actualizado: 16 de septiembre de 2026
¿Cuánta carga puede tolerar tu tendón sin empeorar? Fisioterapia en Terrassa Valoración clínica y progresión de ejercicio adaptada a tu caso.En este artículo
- 01 Qué es exactamente una tendinopatía
- 02 ¿Qué síntomas puedes notar?
- 03 Por qué aparece: carga contra capacidad
- 04 El modelo del continuum: por qué se trata el tejido sano
- 05 Cómo valoramos el dolor de tendón
- 06 ¿Por qué el ejercicio es la pieza central?
- 07 Moverse sí, con ajustes concretos
- 08 El papel de los tratamientos complementarios
- 09 Cómo prevenir una tendinopatía (y las recaídas)
- 10 ¿Cuándo conviene pedir una valoración?
El término tendinopatía describe un dolor localizado en un tendón que aparece relacionado con las actividades que lo cargan. El nombre no dice si hay inflamación ni desgaste: es una etiqueta clínica, no una sentencia sobre tu tejido. En Physeo Clinic ordenamos contigo qué te duele, cuándo aparece y qué necesitas volver a hacer. Y, cuando ya estás mejor, cómo no volver al punto de partida.
Qué es exactamente una tendinopatía
Un tendón transmite la fuerza del músculo al hueso. Cuando duele con las tareas que lo someten a carga, hablamos de tendinopatía.
Es importante no dar por hecho que el dolor equivale a un tejido dañado o inflamado. Esa distinción cambia el mensaje: en lugar de proteger el tendón indefinidamente, buscamos la dosis de carga que tolera hoy.
Puede que hayas oído otros nombres para lo mismo: tendinitis (cuando se asume un componente inflamatorio agudo), tendinosis (cuando se asume degeneración del tejido) o etiquetas más finas como paratendinitis o tenosinovitis. Hoy se habla de «tendinopatía» como paraguas precisamente porque sin ver el tejido no se puede dar por confirmada ninguna de esas etiquetas, y porque tampoco cambian lo primero que hay que hacer: averiguar cuánta carga aguanta ese tendón y progresar desde ahí.
Casi cualquier tendón puede dar problemas, pero hay unos cuantos que verás nombrados una y otra vez: el codo de tenista (los extensores de la muñeca), el codo de golfista (los flexores), el tendón de Aquiles, el tendón rotuliano y los tendones del manguito rotador del hombro, de los que hablamos aparte en el artículo sobre la tendinitis de hombro. Compartir apellido no significa que se traten igual.
¿Qué síntomas puedes notar?
Los síntomas suelen aparecer ligados a la actividad y variar de un día a otro.
- Dolor local: en un punto concreto del tendón, no difuso por toda la pierna o el brazo.
- Relación con la carga: puedes notarlo al empezar a correr, al subir escaleras o al levantarte después de estar sentado mucho rato.
- Rigidez inicial: las primeras pisadas de la mañana pueden costar más que el resto del día.
- Menos fuerza de la que tenías: te cuesta más empujar, saltar o levantar el mismo peso. A veces empieza antes que el dolor y pasa desapercibida.
- Engrosamiento o hinchazón local: el tendón se nota más grueso o más sensible al tacto que el del otro lado, y a veces algo más caliente.
- Cambios en tu rutina: dejas de saltar, alargas menos las salidas o evitas ciertos gestos del trabajo.
La localización importa mucho. En el tendón de Aquiles, por ejemplo, no es lo mismo que el dolor esté en la zona media del tendón o justo en su inserción en el talón: son presentaciones distintas y lo que sirve para una no se traslada de forma automática a la otra, ni a cualquier otro tendón.
Hay una idea que nos gusta dejar clara desde el principio: el dolor es el síntoma más limitante, pero no el que mejor informa. Lo que de verdad nos dice cómo va tu tendón es cuánta carga aguanta sin empeorar al día siguiente.
Por qué aparece: carga contra capacidad
El fondo del asunto es sencillo: el problema surge cuando lo que le pides al tendón supera lo que hoy puede darte. No hace falta un golpe ni un mal gesto puntual; basta con que esa cuenta no salga durante unas semanas.
- Un salto de carga sin descanso suficiente. Más kilómetros, más peso, más sesiones por semana o una vuelta al deporte de golpe. Y cuanta más carga, más tiempo necesita el tendón para adaptarse.
- Poca fuerza en el músculo que tira de él. Músculo y tendón trabajan juntos: si el músculo se queda corto, el tendón acaba recibiendo más de lo que le toca.
- Un gesto que concentra el esfuerzo. Una técnica que todavía no dominas, o un cambio de calzado, superficie o ritmo, pueden cargar el mismo tendón de otra manera sin que tú hayas cambiado nada más.
- El momento en el que estás. Con los años, y también después de una temporada de parón, el tendón tolera peor los picos bruscos. No es una condena: es un punto de partida distinto.
Fíjate en que casi todo lo anterior se puede ajustar. Por eso el plan no empieza por proteger el tendón, sino por medir cuánto aguanta y subir desde ahí.
El modelo del continuum: por qué se trata el tejido sano
La forma más extendida de explicar qué ocurre dentro de un tendón es el modelo de continuum que propuso la fisioterapeuta Jill Cook. Viene a decir que en un mismo tendón pueden convivir fibras que han cambiado y ya no tiran del todo con otras que están sanas y que, precisamente por eso, acaban asumiendo más trabajo del que les corresponde.
Esa sobrecarga del tejido que sí funciona es la que suele dar la cara. De ahí la imagen del donut con la que lo explicamos en consulta: el agujero es el tejido que ya no va a responder por mucho que insistamos, y lo que nos interesa es la masa de alrededor. Hacer fuerte el tejido que sí funciona es lo que permite que el tendón entero vuelva a asumir la carga completa.
Es también la razón de que el dolor sea un termómetro pobre. El tendón tiene pocos vasos sanguíneos y pocas terminaciones nerviosas, así que se puede tener un tendón en mal estado que no duela, y un tendón que duele sin un daño estructural llamativo.
Cómo valoramos el dolor de tendón
En tendinopatías como la de Aquiles o la rotuliana, el diagnóstico es principalmente clínico. Eso significa que escuchamos tu historia y la contrastamos con lo que vemos al moverte.
Combinamos tres cosas: dónde está el dolor, cómo responde a las actividades que cargan el tendón y qué ocurre en pruebas funcionales sencillas. Analizamos también qué has cambiado últimamente en volumen, calzado o superficie.
Cuando aporta algo, lo miramos además con ecografía en la misma sesión y sin coste aparte: nos deja ver si hay inflamación, cuánto se ha engrosado el tendón y en qué estado está el tejido. La imagen se lee junto a lo que hemos visto al moverte, no en su lugar.
Un ejemplo de cómo decidimos: si el dolor de tu Aquiles se concentra en la zona media y responde bien a la carga, planteamos ejercicio progresivo con cargas altas según tu tolerancia. Si el dolor está en la inserción, el esquema cambia: ahí evitamos al principio los ejercicios que llevan el tobillo a flexión dorsal máxima, porque comprimen el tendón contra el hueso. Y si algo no encaja con el patrón clínico, te lo explicamos y coordinamos el siguiente paso.
¿Por qué el ejercicio es la pieza central?
En el manejo conservador de las tendinopatías de Aquiles y rotuliana, la rehabilitación con ejercicio es la estrategia principal. En la tendinopatía de la porción media del Aquiles, el ejercicio progresivo de carga del tendón ocupa el lugar central, ajustado a tu tolerancia y a tus objetivos.
Trabajamos con esa lógica: buscamos cargas tan altas como toleres cuando no hay motivos para sospechar una fragilidad de la estructura del tendón, y progresamos con el tiempo. Adaptamos el ritmo si la respuesta del tendón deja de ser aceptable, y te explicamos qué observar entre sesiones.
Puedes ver el entrenamiento de fuerza como el vehículo natural de esa progresión, y la readaptación deportiva como el puente hacia tu deporte.
Moverse sí, con ajustes concretos
El reposo absoluto no es el mensaje por defecto. En la tendinopatía de la porción media del Aquiles se recomienda seguir con las actividades dentro de la tolerancia al dolor, modificando lo necesario y progresando después.
En la práctica esto se traduce en decisiones concretas: quizá no dejas de caminar, pero cambias la distancia; quizá sigues entrenando, pero ajustas los saltos durante unas semanas. En el Aquiles, por ejemplo, un alza de talón temporal reduce la flexión dorsal del tobillo al andar o correr y con ella la exigencia sobre el tendón, mientras el ejercicio hace su trabajo.
El papel de los tratamientos complementarios
La educación sobre el problema forma parte del plan recomendado. Entender por qué duele y qué esperar te ayuda a no interpretar un día malo como un retroceso.
Los tratamientos añadidos se valoran caso a caso, no como solución universal. En Physeo Clinic Terrassa los usamos cuando encajan con lo que hemos visto en la valoración, siempre acompañando al trabajo activo dentro de la fisioterapia.
- Neuromodulación: puede ayudarnos a modular cómo percibes el dolor para que la progresión de carga te resulte más llevadera.
- Punción seca y terapia manual: pueden rebajar la tensión del músculo que tira del tendón y hacer más llevadera la sesión de ejercicio.
- Superinductiva MagRex: magnetoterapia de alta intensidad que usamos para bajar el dolor cuando el tendón está más reactivo, de modo que puedas seguir con la carga.
- Diatermia: la contemplamos para acompañar la función y la tolerancia a la actividad mientras avanzas con el ejercicio.
Ninguna de estas opciones sustituye la carga progresiva. Si vemos que no aportan a lo que buscamos, las retiramos y mantenemos el foco en el ejercicio.
Cómo prevenir una tendinopatía (y las recaídas)
Prevenir y recuperarse son la misma conversación: en los dos casos se trata de ajustar lo que le pides al tendón a lo que hoy puede darte. Si ya has pasado por una tendinopatía, esto es lo que más pesa para no repetir.
- Sube la carga por escalones, no de golpe. Y cuenta como carga todo: el peso, las repeticiones, las sesiones por semana y la intensidad de cada una.
- Dale el descanso que le toca. La adaptación ocurre entre sesiones, no durante. Cuanto más exigente es la semana, más importa ese hueco.
- Prepara el tejido antes de exigirle. Un calentamiento progresivo, con el gesto que vas a hacer después, no es un trámite.
- Cuida la técnica en lo que repites mucho. No hay un gesto correcto universal, pero sí gestos que en tu caso concentran el esfuerzo en el mismo punto una y otra vez.
- Trabaja de vez en cuando pierna a pierna o brazo a brazo. Es la forma más fácil de descubrir que un lado va por detrás del otro antes de que te lo diga el dolor.
- Mantén la fuerza cuando ya no duele. Es el punto en el que más recaídas vemos: el dolor se va antes que la capacidad, y hace falta seguir cargando para sostener lo ganado.
¿Cuándo conviene pedir una valoración?
Si el dolor de un tendón te limita en el trabajo o en el deporte, lleva semanas sin mejorar aunque hayas bajado la actividad, o no sabes cuánta carga puedes meterle sin ir a peor, ven a que lo valoremos en Physeo Clinic Terrassa. De la primera sesión sales sabiendo dónde está el problema y con qué carga empezar.
Y si has notado un dolor brusco con un chasquido y de pronto no puedes ponerte de puntillas, no esperes a ver cómo evoluciona: eso se valora el mismo día.
La información de este artículo es divulgativa y no sustituye una valoración profesional individualizada. Ante un dolor persistente o intenso, consulta con un profesional sanitario. Pide cita para que valoremos tu caso concreto.
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